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Plataforma ceremonial del imperio inca donde se ofrendaba el licor sagrado a la tierra. Hoy, el nombre de la casa que devuelve ese brindis al mundo.
En la cima del ushnu — la plataforma ceremonial del Tahuantinsuyo — el Inca derramaba el licor sagrado como ofrenda a la Pachamama. Quinientos años después, esa ofrenda vuelve a servirse: fruta real de los valles andinos y especias enteras, elaboradas a mano en pequeños lotes numerados.
Cada botella honra el ritual de la t'inka: las primeras gotas siempre son para la tierra que dio la fruta.
Fruta entera de verdad y especias enteras — nada de saborizantes ni esencias artificiales. Cada lote se prepara a mano, sin atajos.
Fruta cosechada en su punto exacto de madurez, de los valles donde los incas cultivaron lo más valioso.
Tres frutas, tres valles, una misma casa. Cada sabor lleva su color en el anillo — la marca madre siempre viste de oro.
La pasión del valle en su punto exacto: ácida, dorada y perfumada. El primer brindis de la casa.
Dulzura carmín de altura: intensa, sedosa, con final fresco. El rojo del textil andino hecho licor.
Sol líquido del norte: denso, tropical, envolvente. El oro de la fruta en la copa.
Cuatro pasos, cero artificios. Así nace un licor de fruta real de la casa.
Maracuyá fresca del valle, licuada entera — con cáscara y todo — y colada fina: ahí vive el aroma completo.
Una infusión de especias enteras, hervida a fuego lento, se une con la fruta. La receta exacta es el secreto de la casa.
Se endulza y se alinea el alcohol hasta el punto exacto. Luego el licor descansa unos días, hasta que fruta, especias y alcohol se vuelven uno.
Cada botella se numera a mano y recibe el sello de la casa. Ninguna es igual a otra.
Así se bebe un USHNU — como se ha brindado en los Andes por quinientos años.
Vierte el licor lentamente, como caía la ofrenda en la qocha: sin prisa, dejando que el aroma de la fruta suba primero.
Las primeras gotas son para la Pachamama — la t'inka. Un gesto pequeño que une tu mesa con la tierra que dio la fruta.
Mirando a los ojos, como mandaba el imperio: los qeros se tallaban en pares porque nadie brinda solo.
El primer lote de Licor de Maracuyá es limitado y cada botella va numerada a mano. Los primeros brindis de una casa solo ocurren una vez.